Nunca
me había planteado poner nombre a un edificio o una casa y mi sorpresa es que
parece más simple de lo que realmente puede llegar a ser. Tras analizar las diferentes
formas o herramientas que hemos visto para nombrar a una misma cosa (descripciones,
relatos, acertijos, un sustantivo...) creo que por el tipo de casa con la que
estoy trabajando viene bien el uso de verbos y relatos sobre las acciones que
realiza, ya que es lo que realmente la diferencia del resto haciendo que pueda
tener un nombre propio o un verbo.
La
casa tiene características que la hacen diferente de muchas otras como que es
prefabricada, ligera, con una fachada y unos metros cuadrados concretos, etc. pero
considero que solo unas pocas la hacen única. Esos aspectos que considero que
la hacen única son la capacidad móvil que tiene y el lugar que puede ocupar
dentro de la ciudad.
El
primero de los aspectos creo que es el más importante y haciendo un símil con
la descripción de Tim Ingold en su libro Being
Alive sobre las personas “porque las personas no son seres
que se mueven sino que son sus movimientos“.
No es simplemente una casa que se mueve, sino que son esos movimientos lo que
la define formal y conceptualmente y la hace casa, ya que resuelve un problema
de sus habitantes. El
segundo aspecto quizá sea más directo y visible y tiene que ver con la
ubicación de la vivienda, con el contexto en el que se sitúa. Por supuesto también
es muy definitorio ya que aunque pueden existir otras edificaciones similares,
no es lo más común encontrar casas en las azoteas de los edificios.
Tras
pensar y decidir cuáles son las características básicas que describen mi casa
pienso que el nombre podría ser La casa
que se mueve y ocupa las alturas de la ciudad. Este nombre no es definitivo
ni mucho menos, en parte porque el proyecto sigue sin estar cerrado al cien por
cien y porque podría haber otros como La
casa de arriba o de las alturas, Una
casa para vivir en el mundo...










